El fin, fin y sus saudades – Blog Amycos

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Voluntariado Internacional y Servicio de Voluntariado Europeo

El fin, fin y sus saudades

15 febrero, 2016

Llegué a Portugal por aire y me marché once meses más tarde por tierra. Casi sin mirar atrás: hasta luego! Furgoneta cargada hasta los topes, ventanilla abierta – estábamos en enero pero el cambio climático tiene estas cosas – música alta y un pelín de resaca. De la última cerveza apurada unas horas atrás o quizás del último abrazo robado aprovechando el último minuto de la última noche del último día antes de volver a casa. Y decir casa sonaba tan extraño en ese momento. Porqué mi casa estaba allí.

Yo, la escéptica, la cínica, la dura, la que sólo quería una pausa de “mi” vida. Resulta que me había encariñado con el sitio y prendido hasta la médula de la gente.

Reconozco que me encanta que me sorprendan – las sorpresas no tanto, me confieso un poco maníaca del control – pero saber que me fui con una idea muy clara y preconcebida de lo que iba a ser mi Erasmus y volver con muchísimo más, esto me gusta.

La convivencia en casa merecería un capítulo a parte en esta história, pero no ha habido ningún asesinato, así que creo que le podríamos poner un aprovado alto. Nos quedaran algunos misterios por resolver, como el extraño caso de la desaparación – dos veces – del pelador de patatas, el lavavajillas que se vaciaba sólo, el medio trozo de pan eterno en la mesa de la cocina y la secuela de la película de terror “Hormigas, el retorno”. Nos hemos reído mucho, hemos visto muchas películas juntos, explotado poquísimo el enrome espacio para fiestas y nos hemos encerrado en la azotea muchas veces para ocuparle el cuarto a Judith. Ropa tendida por todos lados, zapatos por doquier, cuartos compartidos -esa ha sido para mi una gran prueba de fuego que al final ha pasado sin mas dramatismos – y la constate sensación de que cada uno de nosotros era el único que limpiaba.

Los últimos días yo me paseaba por casa con un rollo de papel de wáter bajo el brazo y no – sólo- por miedo a que se terminara por enésima vez, sino para apagar rios de lagrimones que salían de mi o de los que tenía alrededor.

Y es que de repente un día se acaba el tiempo.

Y te preguntas como puede haberse escurrido tan rápido.

Y te olvidas de los momentos en los que tampoco estabas tan bien.

Y haces las maletas mecánicamente.

Y descuentas minutos agónicamente.

Pero todo esto sólo confirma que ha sido bonito.

Ahora, dos semanas después desde casa de mis padres – otra vez – con una libreta en blanco donde empezar a hacer nuevas listas y todo el año por construir.  Este es el momento en que echas la vista atras y piensas que ha valido la pena. Cuando los mensajes de whatsaap se han empezado a espaciar un poquito más. Cuando a veces me tengo que esforzar por recordar que hace dos semanas llegaba de vivir en Portugal.

Porqué el torbellino de la rutina te arrastra, te chupa, te agota y te lanza a tal velocidad que el tiempo deja de tener sentido y ya no sabes si hace una, dos o mil semanas que has vuelto.

Pero es mentira que te olvidas. Es sólo adaptación y supervivencia.

Y este último post, que me había prometido a mi misma, se lo dedico a Franco, a Judith, a Serena, a Lucía, a Horta y, porqué no a Jonas. Que han formado parte de forma muy intensa de este año, y han hecho que la morriña ahora sea insoportable y a la vez más llevadera. Porqué las histórias no contadas, las que me guardo con más recelo,  son nuestras.

Y se lo dedico a mi abuelo, que me ha dado una lección descomunal: esto va enserio y el tiempo no espera.

Y le agradezco a Ale que fuera positivo y perspicaz y que consiguiera finalmente encontrarme un lugar donde hacer un SVE, cuando casi se había agotado el tiempo y casi habíamos perdido la esperanza. Y gracias a Lauri por acogerme en Burgos a mi vuelta y hacer todo el viaje más fácil.

Y porqué no gracias a todos los que formaron parte de todo esto que a su manera lo han hecho especial, a Diogo y sus caladinhos, a Tita y Carolina y su hospitalidad, a Daria, a Juan, a Carla, al Padre Pires, a Paulo, a Maria João, a Juana y su ternura, a Andreia,  a Zsuzsa, a Arman, a Christie, a Concepção, a la señora Inês y sus naranjas, a Dona Ilda, a Helena, a Sandra, al Senhor Antonio y sus bonitas cartas, a Maria y sus besos, a Catarina y Aurora y su energía.

Y con esto acabo.  Se de alguien que ahora mismo estará intentando echarse limón en los ojos y pellizcándose de incredulidad: Si caro mio, a volte sono molto chesee anche io!

Ahora si, Portugal é saudades.

 

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