Blog Amycos

Voluntariado Internacional y Servicio de Voluntariado Europeo

Cerrando un Ciclo

13 diciembre, 2018

Buenas Amig@s!

Esta es la última entrada que realizo en el Blog, al menos desde Cochabamba.

Soy consciente de que esta experiencia va a ser una de las importantes de mi vida y se acaba, pero no voy a hacer un drama de ello, más bien debo de sentirme afortunada por haberlo vivido.

Esta semana, por finnnn, he acabado la Línea Base, también he regresado a la calurosa Comunidad de San José para realizar visitas domiciliarias y seguimiento del proyecto que allí está en marcha, acompañada como siempre de Rudy, Liz y Miriam. Un lugar bello, lleno de vegetación, donde unos malditos mosquitos minúsculos y amarillos acaban con la paciencia de cualquiera.

El trabajo, como siempre, enriquecedor. Hemos realizado trabajo de higiene personal con los peques que hemos valorado más necesitados, además de la recogida de datos, espero no haber cogido algún que otro piojo de los que me han merodeado y que se vengan conmigo sin necesidad de ser facturados, jajaja.

   

¡Pues si!, el lunes dormiré en mi casa después de un largo viaje en el que seguro no hago más que recordar lo vivido y dar forma a mis pensamientos, un espacio de tiempo, también necesario para ir centrando mi vuelta e incorporación a mi vida «normal».

Mientras tanto recordaré lo aprendido:

  • Soltar miedos y alejarme de mi zona de confort.
  • Ganar seguridad en mi misma y reafirmarme, en definitiva, empoderarme y cargar las pilas para seguir adelante con la mentalidad del aprendizaje continuo, con ganas de seguir conociendo y absorbiendo.
  • Tomar conciencia de que si estoy removida es porque he crecido y porque no tengo problemas más importantes en los que pensar.
  • Tolerancia hacia el desorden y la suciedad.
  • Encontrarme de nuevo conmigo misma.
  • Disfrutar de cada segundo y estrujar los tres meses como hacia tiempo que no lo hacia, sentirme viva.
  • Dejar fluir….
  • ¡y como nó, hacer Lineas Base!, jajaja

Echaré de menos de Bolivia…

  • Estar en tirantes en invierno.
  • La compañía de las locas con las que he compartido voluntariado y vida durante estos intensos meses.
  • Las horas de viaje por carreteras incestuosas con los compañeros de Anawin.
  • Algunas personitas a las que he conocido.
  • El trabajo en las comunidades.
  • Regatear todos los precios, hasta los del autobús o el sitio donde vamos a dormir.
  • Caminar entre truffis, coches y buses rápidamente.
  • Comer Salteñas, sopa de maní o las ensaladas de frutas.
  • Ver aguayos de colores a cada paso.
  • Poder comprar cualquier cosa, en cualquier sitio a cualquier hora del día.
  • Los chupachus de maracufresa.
  • Caminar por calles llenas de baches adornadas por millones de cables.
  • Los graffitis llenos de color y mensajes que decoran cada rincón de la ciudad.
  • La calidez de las personas con las que nos hemos encontrado en nuestros viajes y que ha cambio de nada nos han dado mucho.
  • El bajo coste del transporte, ¡así viaja cualquiera!.
  • El funcionamiento de las movilidades, las puedes coger en cualquier momento con solo levantar un brazo y bajarte de ellas diciendo en la próxima esquina.
  • El Cristo de la Concordia que se ha convertido en nuestra brújula para llegar a casa.
  • Pijchar Coca.
  • Los autobuses leito (cama), en los que poder descansar cómodamente durante las largas horas de viaje.
  • Los paisajes tan diversos de los que hemos podido disfrutar:

– El Salar y su nada.

– La fuerza de las montañas.

– El misterio de la Jungla.

– Las cascadas…

  • ¡Creo que voy a echar de menos hasta Palomitai, la canción boliviana de la que tanto he renegado!, jajaja.

Lo que seguro que no voy a echar de menos….

  • Estar continuamente pidiendo facturas y recibís para justificar la beca.
  • Comer papas y arroz en todas las comidas y cenas.
  • Que se me caiga el pelo, desde que llegamos aquí, debido al PH del agua ¡Me he vuelto alopécica! y mis rizos no son rizos.
  • Tener que estar todo el tiempo pendiente de lo que comes o bebes, las Amebas están acechando.
  • El mal funcionamiento del seguro médico.
  • La contaminación de humos generada por los tubos de escape de los viejos transportes públicos.
  • El ruido de la bomba de agua del edificio, que tormentosamente interfiere en nuestro descanso (vivimos en un piso 11).
  • Las cunetas llenas de plásticos, ver como tiran todo tipo de objetos por las ventanillas de los vehículos.
  • El olor a plástico quemado, se deben de creer que si lo queman desaparece.
  • La diferencia entre el coste de las entradas entre nacionales y extranjeros para entrar en museos, parque nacionales… a veces multiplicándose el precio por cuatro.
  • Los incómodos sofás que tenemos en casa, en los que por cierto ahora que lo pienso, a penas me he sentado.
  • Que nos silben continuamente por la calle o paren los coches para decirnos gilipolleces, como si alguien les hubiera preguntado.
  • Los maleantes que conviven en las ciudades  y por lo tanto el estado de alerta en el que tienes que estar.
  • El acento boliviano de las películas.
  • La conducción del transporte, rápida y temeraria….

Seguro, Seguro… ¡que tengo más aprendizajes, más cosas que echar de menos y más de las que agradeceré no tener en España!, pero no os voy a dar la chapa hasta la eternidad, jajaja.

Solo me queda una cosa y no por ser la última, la menos importante, A-GRA-DE-CER…

  • Gracias a mis compañeras y a Manolo, por hacer tan fácil la convivencia y estar ahí.
  • Gracias a Anawin, en especial a mis compañer@s de equipo por integrarme como una más y  dejarme aportar y trabajar. ¡Como no! a Rolo, que además de jefe y responsable, ha sido un amigo y en ocasiones ha sido como nuestro padre boliviano.
  • Gracias a Amycos, por hacer que todo esto sea posible, a Rosa por estar presente a pesar de la distancia y a Alessandro por hacer de cuidador y aguantarme en los días que más lo necesitaba.
  • Gracias a la Junta de Castilla y León por darme esta oportunidad y seleccionarme para poder participar en el Programa de Jóvenes Solidarios.

Os dejo, aún desde la ciudad de Cochabamba, montada en mi montaña rusa de emociones; alegría, tristeza, incertidumbre, nostalgia…

 

 

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