La promoción de los flamantes bachilleres de Chapisirca
18 diciembre, 2025
Desde el día anterior, la cancha del colegio empezó a transformarse.Un toldo a la vez, una mesa tras otra, el espacio cotidiano de la escuela
fue dejando de ser solo un campo de juego para convertirse en algo distinto, casi irreconocible. Como por arte de magia, a la mañana siguiente todo estaba listo: más de veinte mesas decoradas con globos de “Mi promoción”, cintas suspendidas del techo y una alfombra roja adornada con flores que conducía hasta un escenario con veinte sillas, preparadas para quienes estaban a punto de cerrar una etapa fundamental de su vida escolar.
La ceremonia estaba prevista para las diez de la mañana, pero, fiel a la ya conocida hora boliviana, el inicio se fue aplazando hasta las dos y media de la tarde. La espera no restó intensidad al momento. Finalmente, la celebración comenzó con el desfile inaugural: primero el equipo de Anawin, luego el cuerpo docente y, por último, los flamantes bachilleres, que fueron entrando uno a uno, acompañados por uno de los padres y por su madrina o padrino de promoción.
Con su ingreso, el aire se llenó de pequeños fragmentos blancos: la mezcla, confeti de papel blanco que se lanza sobre la cabeza como gesto de felicitación y augurio de abundancia y buena suerte. Entre sonrisas tímidas y miradas orgullosas, las madrinas y padrinos colocaban el tradicional anillo de oro y entregaban ramos de flores. Así, con el anillo nuevo en la mano y el bouquet apretado contra el pecho, cada estudiante subía al escenario para ocupar su silla.
En la mesa de los profesores, entre platos de papas fritas y botellas de Coca-Cola, el programa anunciaba veinticuatro puntos. Apenas se había llegado al cuarto; lo que quedaba por delante prometía ser largo y profundamente emotivo.
Comenzaron las palabras de felicitación por parte de los y las docentes y del Alcalde, seguidas por el himno, escuchado de pie, con la mano en el corazón. Luego llegó la entrega de diplomas a los dos mejores estudiantes de cada curso, desde primero de primaria hasta quinto de secundaria, y finalmente el momento más esperado: la entrega de diplomas a los flamantes bachilleres.
Cada nombre pronunciado marcaba un paso más hacia el futuro. Los diplomas se entregaban acompañados de abrazos sinceros y nuevas lluvias de mezcla, en un intercambio espontáneo de gestos de felicitación que decían más que cualquier palabra. La ceremonia se cerró con un brindis y un último discurso, antes de que todos los y las jóvenes se pusieran nuevamente de pie sobre la alfombra roja para recibir, una vez más, abrazos, buenos deseos y generosas manciadas de mezcla, dadas y recibidas, como parte inseparable de la celebración.
Terminada la ceremonia institucional, el espíritu de la promoción no se detuvo. Entre música y bailes, la celebración se trasladó a las casas de los y las bachilleres. Cada familia ofreció a su hijo o hija el mejor homenaje posible, invitando a toda la comunidad a compartir un momento tan significativo.
Al llegar a las viviendas, los invitados eran recibidos con comida, refrescos y pasankallas, una versión boliviana de las palomitas, hechas de maíz inflado y dulcificado. Tras las felicitaciones iniciales, se podía tomar asiento y participar de la cena, acompañada por generosos baldes de warapo, una bebida fermentada a base de frutas.
Las viviendas rurales, sencillas y habitualmente ocupadas por herramientas de trabajo, se transformaron por una noche en verdaderos salones de baile. Los zapateos y cuecas tradicionales se alternaban con cumbias chiceras y bandas que tocaban en vivo, animando a comuneros y comuneras de todas las edades. Guirnaldas de colores, juegos de luces y risas llenaban el ambiente, junto a las lágrimas de emoción de familiares y docentes que acompañaron de cerca este momento histórico: la primera promoción del Bachillerato Técnico Humanístico en Agropecuaria de Chapisirca.

