Un año en Bolivia: entre descubrimientos, aprendizajes y realidades del voluntariado internacional
8 junio, 2026

Cuando decidí unirme al proyecto Sustainable Future en Bolivia, estaba entusiasmada con la idea de vivir una experiencia internacional en América Latina. El proyecto, centrado en el desarrollo sostenible, coincidía con mis intereses y mis aspiraciones profesionales. Imaginaba un año lleno de descubrimientos, aprendizajes y encuentros enriquecedores.
Como suele ocurrir en el voluntariado, la realidad del terreno a veces reserva algunas sorpresas. Aunque inicialmente pensaba trabajar principalmente en temas medioambientales, mi misión se centró sobre todo en el apoyo escolar a niños, niñas y jóvenes. Esta experiencia me permitió desarrollar nuevas competencias, descubrir el funcionamiento de una organización local y tener un impacto concreto en las personas beneficiarias del proyecto. También me enseñó a ser flexible y a adaptarme a las necesidades reales del proyecto.
Este año también me mostró que vivir en el extranjero no siempre se parece a lo que uno imagina antes de partir. Esperaba explorar más Bolivia y los países vecinos, pero algunas circunstancias hicieron que los desplazamientos fueran más complejos de lo previsto. Durante un viaje en solitario, por ejemplo, me encontré con bloqueos de carreteras, una situación relativamente frecuente en el país. Esta experiencia me permitió comprender mejor algunas realidades locales y desarrollar mi capacidad de adaptación ante los imprevistos.
A nivel personal, este año fue una verdadera escuela de autonomía. Vivir lejos de mis referencias habituales, de mi familia y de mis amigos me llevó a desarrollar nuevos recursos personales y a ganar confianza en mí misma. Esta experiencia me impulsó a salir de mi zona de confort y me permitió comprender mejor mis necesidades, mis límites y mis aspiraciones.
Este voluntariado seguirá siendo una etapa importante de mi trayectoria. Me brindó la oportunidad de descubrir Bolivia, conocer personas interesantes y comprender mejor algunas realidades del trabajo asociativo internacional. Esta experiencia también me enseñó que los proyectos suelen evolucionar en contacto con la realidad del terreno y que los aprendizajes más significativos no siempre son aquellos que habíamos imaginado al principio.
Hoy, mientras esta aventura llega a su fin, siento tanto gratitud por todo lo que me ha aportado como ganas de reencontrarme con mis seres queridos. Me llevo numerosos recuerdos, valiosas lecciones y un mejor conocimiento de mí misma. Este año me enseñó la adaptación, la resiliencia y la importancia de mantener una mente abierta ante las oportunidades que encontramos en el camino.
Para concluir, quisiera agradecer a todas las personas que contribuyeron a esta experiencia: al equipo de Anawin, a Amesci, a las demás personas voluntarias, así como a los niños, niñas, jóvenes y sus familias que tuve la oportunidad de conocer a lo largo de este año. Cada uno, a su manera, contribuyó a hacer de esta aventura una experiencia única y enriquecedora. También quiero agradecer a mis seres queridos por su apoyo a la distancia durante esta etapa. Me llevo de este año en Bolivia numerosos recuerdos, hermosos encuentros y aprendizajes que me acompañarán en las próximas etapas de mi camino.

