Blog Amycos

Voluntariado Internacional y Servicio de Voluntariado Europeo

Voluntariado Europeo 2020

Last dance

2 agosto, 2021

Hace tiempo que no pasaba por este blog. Los últimos meses del voluntariado han sido cuanto menos intensos. Esta será la última entrada en el blog que haré y en ella espero poder resumir lo que ha sido casi un año de nuevas experiencias.

Si uno lee las entradas previas en cada una de ellas se siente el aroma de la novedad. En todas había un deseo, casi mejor dicho una necesidad, de vivir algo nuevo… y al final y al cabo es algo que creo que he conseguido. En estos días, cuando estoy a punto de volver a casa echo la vista atrás y hago recuento de todos los nuevos sitios que he podido visitar, las experiencias que he vivido, algunas ya las conocía pero otras muchas no y sobre todo la gente nueva que he conocido. De Italia me llevaré recuerdos, lugares y sobre todo personas.

Este es un diario de viaje dejado de lado en las últimas etapas que ha servido para contaros como llegué a Italia lleno de esperanzas, ilusiones y temores y como con el paso de los días unos desaparecieron y otras se hicieron más grandes. Os he contado como subimos y bajamos montañas o como después de las vacaciones tenía ansias por volver y continuar mi camino como voluntario. Os he contado también como plantábamos y recolectábamos no solo verdura si no también sueños.

Ahora el camino esta cerca de acabar pero como ya he dicho echo la vista atrás y los pocos momentos malos, que por supuesto los ha habido (que sería de la vida sin ellos) quedan ensombrecidos por los muchos momentos buenos, todos ellos llenos de risas y diversión.

Muchos de esos momentos los he vivido por mi cuenta pero en muchos otros han estado presentes mis compañeras de proyecto. Durante estos meses hemos forjado un fuerte vínculo gracias a las horas que pasamos juntos, ya fuese en la casa, en el trabajo o en el centro tomando una cerveza. Ellas son también una parte importante de esta experiencia y por ello quería reconocerles su importante papel en mi experiencia.

Por último me gustaría hacer una valoración final que creo servirá como cierre a este pequeña e interrupta narración de mi año como voluntario. Considero que he crecido en muchos aspectos y probablemente esto sea verdad, quizá en no tanto como piense pero si que siento que he no soy el mismo que era al principio de este proyecto. Esa sensación me hace pensar que este año ha sido un éxito, tanto en lo personal como en lo profesional. En lo personal pienso que muchos de las actividades que he hecho me han ayudada a entender el mundo de una nueva forma y ser mucho más atento y solidario. En lo profesional, el cambio también ha sido muy importante ya que este año ha sido la constatación de que esta es mi profesión y de que soy bueno en ella. Gracias a este año esto aun más convencido de que mi futuro esta en el sector del patrimonio cultural y que después de un año de voluntariado haré lo posible por desarrollar una carrera en este sector de la manera más solidaria y sostenible posible.

Estaría escribiendo sobre mi año otro año más pero eso me impediría seguir viviendo nuevas aventuras por lo que creo que es hora de despedirme. Mi camino continúa esta vez allende los mares en Texas. Durante estos días comienzo a notar como nace en mí esa extraña sensación de nerviosismo y expectación por abrir un nuevo capítulo en mi vida…y me encanta.

Gracias por haber estado ahí durante estos meses.

Nos vemos!

Miguel.

Olor a tierra.

3 abril, 2021

El olor a tierra húmeda tiene algo especial, algo que hace que al olerlo te transportes hacia un lugar completamente diferente. Hoy hablaré un poco de eso que lo hace diferente. La mayoría de nosotros hemos crecido rodeados de los olores de la ciudad: el asfalto; el humo de los coches; los restaurantes de comida rápida o simplemente la gente de ciudad. Quizá esto suene extraño, muchos dirían que es raro pensar en los olores de la ciudad. Pero es que cuando lo comparas con el de la tierra húmeda uno nota la diferencia.

Y es que no estoy hablando de cualquier tierra húmeda que uno puede encontrar en un charco abandonado tras una tormenta de otoño en un parque cualquiera de la metrópolis de turno, NO, estoy hablando de la tierra húmeda de un huerto. Tierra húmeda de un campo verde recién regado. Esa tierra es la que casi cada día nos encontramos todos los voluntarios que estamos participantes en este proyecto en el huerto ecológico del Sasso d´Italia, apenas a unos veinte minutos de nuestra casa.

Bajo el mando de Antonietta, una mujer cuya vitalidad rebosa por todos sus poros, dedicamos cuerpo y alma a cuidar de ese pequeño remanso de paz en medio de la ciudad de Macerata. El huerto se encuentra en lo que se podría denominar como el fin de la ciudad, una vez pasado ese límite Macerata acaba. Es el límite donde acaban las carreteras y los coches, donde empieza la tranquilidad y ese olor a tierra húmeda que en las líneas previas intentaba  no solo que imaginarais sino que también sintieseis. Espero haberlo conseguido.

En fin, ese olor es único y puedo decir que atrapa. Cuando bajamos las pequeñas escaleras de madera del huerto uno siente que en ese lugar ocurren cosas especiales. Las filas paralelas en las que se agrupan las plantas son de una precisión casi matemática, casi parece que alguien las haya trazado con escuadra y cartabón. Digo casi por que alguna que otra vez se nos ha ido la mano y hemos hecho un agujero dónde no era. Para colmo, el paisaje que se observa desde el huerto parece pintado por el mejor paisajista  que la historia del arte puede ofrecer. En esos agujeros es donde suceden las cosas especiales, es ahí dónde se crea la vida. Si, he escrito se crea la vida, como si un de un pasaje biblíco se tratase, y es que así es. En ese huerto no solo se respira tierra húmeda sino que también se respira vida creciendo. Lenta y pausadamente, como todo lo que merece la pena.

Ya hemos probado alguna de las maravillas de ese huerto, recuerdo especialmente como durante todo Octubre estuvimos comiendo judías. Nuestra espera también es lenta y pausada pero a la vez llena de impaciencia. Ninguno de esta casa puede esperara al día en en que nos toque recolectar todo lo sembrado. Menudo banquete nos espera!

 

Poco más se puede decir de un olor tan especial como ese, quizá solo queda invitar a que cada uno de nosotros lo sienta al menos una vez, porque de veras merece la pena.

 

Miguel.

Un primer gran día

3 marzo, 2021

Sábado.

Cinco de la tarde.

Tres voluntarios.

Dos bolsas de plástico del supermercado y un trineo.

Una huerto lleno de nieve.

Una pendiente.

Una idea.

Estos son los ingredientes básicos de la historia que vengo a contaros hoy. Muchos ya os lo podréis imaginar, y en efecto esto no es ninguna película de esas de gran giro argumental. No. Esta es de las que te sabes el final desde el minuto uno.

Nuestra historia comienza varias horas antes cuando un viernes por la noche la ciudad de Macerata se cubrió de nubes, entonces casi por arte de magia….o de ciencia, el vapor de agua que se encontraba en la atmósfera sufrió una alta deposición concretamente a 0º lo que hizo que se solidificase y comenzara a caer al suelo en forma de cristales fractarios de hielo agrupados en copos.

En otras palabras: comenzó a nevar.

Al principio, aquellos que habíamos visto nieve eramos un poco escépticos y pensábamos que no cuajaría. Sin embargo cuando nos levantamos a la mañana siguiente toda Macerata estaba cubierta de nieve. Era casi como si la tormenta que golpeó Madrid me persiguiese. Es entonces cuando en la casa de Ficana se empiezan a escuchar esos murmullos que indican que algo se esta cociendo. Y es ahí en el momento en el que volvemos al inicio de estas líneas.

Con ímpetu y un arrojo extraordinario nuestra querida voluntaria Mariana, llegada desde el caluroso y poco nevado Portugal, se preparaba bolsa en mano, mirada de convicción y ganas de diversión en lo alto de nuestro pequeño orto. Había encontrado la ruta perfecta para deslizarse cuesta abajo, evitando la compostera, el bambú y esperando aterrizar encima del romero, sobre todo esto último era vital ya que si no le esperaba una dura caída hasta el suelo.

Los demás la mirábamos con expectación vitoreando y animando. Y fue entonces cuando Mariana se lanzó sobre la bolsa. Como si de una campeona olímpica de bosleigh se tratase trazó el descenso sin ningún error, frenando justo antes del

romero. Y después una carcajada. Una carcajada repleta de disfrute y alegría. Por supuesto los que estábamos mirando sentimos una gran envidia y al poco nos estábamos lanzando también nosotros. Estuvimos casi dos horas tirándonos por las cuestas de Ficana con nuestros trineos de plástico improvisados.

Para muchos de nosotros esa no era la primera vez que hacíamos algo parecido, en mayor o menor medida muchos habíamos disfrutado de grandes días de nieve como el que estábamos viviendo. Sin embargo para Mariana ese era su primer gran día de nieve. Y es que ya lo he repetido varias veces a lo largo de estas publicaciones, y que conste que no me cansaré de repetirlo, durante este año todos nosotros viviremos grandes primeros días. Tendremos la oportunidad de vivir nuevas y grandes experiencias como hizo Mariana con la nieve, al menos ese día, si alguna vez llegáis a conocerla, os ruego, preguntadla por Casteluccio y su opinión de las nevadas!

 

Miguel.

De retornos va la cosa

1 febrero, 2021

La casa de tierra de Ficana vuelve a la vida después de unas vacaciones navideñas un tanto direrentes. A finales de Diciembre los seis voluntarios que formamos parte del proyecto de Gruca nos planteábamos la posibilidad de no volver a casa por navidad, algo feo si hubiesemos sido turrón, pero que en nuestro caso al ser personas no iba a estar tan mal visto. A final unos decidimos poner rumbo a casa y otros por el contrario quedarse en Italia.

En mi caso decidí desde el primer momento regresar a casa por unas semanas. La principal motivación de volver a casa pese a los posibles escollos era la de recargar pilas en el hogar. Cosa que sin duda he hecho. La navidad siempre es un período familiar, donde te reúnes con amigos que viven en otros países, en este caso yo soy uno de esos. Las navidades tienen un aroma especial y por eso siempre es bueno pasarlas en casa.

Sin embargo estas navidades, al igual que todo este año, han estado marcados por esa realidad a la que he hecho referencia tantas veces en estas publicaciones. La pandemia ha hecho que estas navidades no haya habido las típicas grandes reuniones familiares, las fiestas multitudianrias o los aperitivos en la plaza del pueblo donde no cabe ni un alma. Ni siquiera ha habido campanadas en la puerta del Sol, algo tan típico madrileño y español como el oso y el madroño o unas buenas cañas. Pese a todo cada uno de nosotros pienso que ha hecho lo posible para poder ver aunque sea un momento a sus allegados, amigos o familiares,pienso que de la manera más segura posible, al menos en mi caso. Y es que en navidad hay que verse, aunque sea a dos metros de distancia, en una terraza y con cinco grados centígrados.

Durante las fiestas pude volver a jugar al floorball con mi equipo de toda la vida, hacer una ruta a pie a través de las montañas, compartir recuerdos y botellines con mis mejores amigos o intercambiar regalos con mis padres. Todos esos momentos se vieron culminados con la mayor nevada vista en la historia en la meseta madrileña. Durante casi tres días no paró de nevar. Creo que escuché decir a algún señor bien entrado en años que “ en sus tiempos si que nevaba así”. Parece que el 2021 viene igual de fuerte que el año anterior.

 Es por eso que debemos encarar este año de la misma manera, con fuerza y arrojo, con deseo de vivir y llevar a cabo sueños e ideas. La casa de tierra de Ficana en Macerata se ha vuelto a llenar de eso. Ahora mismo casi todos hemos regresado de nuestras vacaciones, llenos de energía y dispuestos a hacer cosas, a aportar y a llevar a cabo nuestros proyectos personales en este nuestro año de voluntariado.

No pocas veces, en los escasos seis siete días que volemos a estar juntos hemos hablado de las ganas que teníamos de volver a Macerata. Veo tanto en mí como en mis compañeras ese espíritu que debe tener todo voluntario a lo largo del mundo. Un espíritu que te motiva y te lleva a dar un paso más, a aportar todas tus energías e ideas en el proyecto del que formas parte.

Es por estas razones que creo que ahora empieza lo bueno, es ahora cuando tras varios meses de acostumbrarnos al lugar y las nuevas compañías podemos empezar a disfrutar de verdad de esta experiencia…si es que no lo habíamos hecho ya!!!

Nos vemos en la siguiente publicación!

Miguel.

Noviembre ¿qué has hecho?

30 noviembre, 2020

Noviembre es uno de esos meses en los que parece que las horas son más largas de lo normal y sin embargo los días cortos también de lo normal. Sin embargo eso sucede ya desde el  olvidado Octubre, los días son más y más cortos, no podemos hacer nada contra ello. La noche llega pronto y con prisas llenándolo todo. En Noviembre uno tiene la sensación de que alguien le está robando la luz, hasta que al final uno se acostumbra. Noviembre también es un mes en el que se palpa la expectación, todos esperan con ansia los festejos y lo que ello conlleva: reuniones familiares, reencuentros, brindis y celebraciones. Pero en estas líneas no hablaré de la Navidad, quizá en las próximas. ¿Quién sabe?

Hoy os hablaré de Noviembre, ese mes en el que parece que nunca pasa nada  y menos en un año como este. Pero ¿es eso verdad? ¿Es cierto que en Noviembre no pasa nada? Volvamos la vista atrás un momento.

Noviembre al igual que prácticamente todos los meses desde este último Marzo nacía bajo el abrigo de la incertidumbre. Poco a poco esa incertibumbre se convirtió en realidades. Por ejemplo, los bares y restaurantes, grandes núcleos de encuentro social, eran obligados a cerrar de cara al público desde las 18h y solo podían servir comida para llevar. Igual sucedió con todos los museos, que cerraron sus puertas al público. Estos dos ejemplos quizá parecen alejados pero en mi opinión ambos son bastante similares. Tanto en bares y restaurantes como en museos es la gente quién dota de vida esos espacios con charlas distendidas, risas, suspiros de admiración o sorpresa y al fin al cabo disfrute en todos sus aspectos. En ambos casos Noviembre hizo que lugares que antes rebosaban de vida se quedasen en cierta manera huérfanos de ella,  eso si, todo en favor de que la vida vuelva en un futuro, mucho más fuerte y segura. Eso no hay ni que dudarlo.

He aquí la primera cosa que Noviembre, ese mes insulso ha hecho. Parece que empezamos a encontrar las pistas de las hazañas de ese tal Noviembre. Al igual que hemos dejado de lado las Navidades lo haremos con los bares, de hecho es mejor así, por qué que mejor sitio para hablar de como Noviembre cerró todos los bares de un país que en un bar. La segunda cosa de la que Noviembre es culpable es de que esos mismos museos que cerraron deban reinventarse, al igual que otros muchos negocios o mpreseas, pero por cercanía hablaré hoy de ese caso concreto.

El cierre de los museos en Italia lo recibimos en el Ecomuseo como una crónica de una muerte anunciada. A ninguno de los voluntarios apenas nos soprendió. De hecho estábamos preparados. Noviembre solo hizo que diésemos el paso hacia delante. Como ya he dicho un museo, sin personas, es apenas un cascarón vacío en el que los objetos se apilan unos junto a los otros. Es por eso que el Ecomuseo perdió un poco la chispa cuando se confirmó que no habría más visitas. Sin embargo, si la gente no iba a poder venir al museo seríamos nosotros quienes les llevaríamos el museo a ellos.

Noviembre ha hecho que desde el Ecomuseo volquemos todos nuestros esfuerzos más inmediatos en crear un canal directo con las personas gracias a las redes sociales. Nos ha hecho darnos cuenta de capacidad de una herramienta como Facebook o Instagram. De cómo, gracias esos medios, somos capaces de acercarnos a la gente, de llevarles prácticamente hasta su mano nuestra historia y de alcanzar aún más gente de lo que era posible solo con la visita típica. Además no sólo eso, si no que gracias a las redes sociales la gente tiene el poder de convertise no solo en visitantes sino también en creadores dentro del museo, mediante sus comentarios, preguntas o compartiendo el contenido. Gracias a Noviembre el Ecomuseo ha encontrado un nuevo enfoque desde el que trabajar. Gracias a Noviembre hemos sido capaces de reinventarnos y sobre todo de entender la importancia de las personas en la vida de un museo, estén personalmente en el edificio o detrás de una pantalla.

Como veís en solo unas líneas hemos descubierto que Noviembre, el mes que nunca hace nada, como dijo una vez un famoso comentarista en referencia a uno de los más grandes delanteros de la historia del futbol, siempre esta ahí. Podríamos seguir acusando a Noviembre de las fechorías y favores que hace pero por hoy parece suficiente. Y es que Noviembre como todos los demás meses siempre se presenta con la incertidumbre de la novedad, no sabés que te esperará el día 1; o el 13 o el 25. Eso es quizá lo bonito, que tanto en Noviembre como en Octubre o Marzo tenemos la oportunidad de aprender, de mejorar, de adaptarse, de disfrutar y de todo lo contrario. Es por eso que a lo mejor después de estas líneas, cuando penséis en Noviembre lo hagáis con otros ojos.

¿Quién sabe?

PD: Os invito a todos a echarle un vistazo tanto al perfil del Ecomuseo Villa Ficana de Facebook como al de Instagram.

Miguel.

Ejemplos de post en FB e Instagram

 

El Nord recuerda.

29 octubre, 2020

Con estas palabras los norteños de la ya mítica serie de George R.R. Martin Juego de Tronos hacían referencia a la sabiduría de su tierra, a cómo pese al avance imparable del tiempo sus montañas y bosques aún recordaban todo lo vivido demostrándolo con su majestuosidad y sus misterios.

Os preguntareis porque empiezo este post con semejante referencia, creedme tiene explicación. Como mencioné en mi primer y hasta la fecha único post, mi llegada a Macerata suponía el inicio de lo que seria una gran serie de aventuras.

He aquí la primera.

Todo comienza con una proposición indecente, como toda buena aventura. Mi gran amigo Álvaro, quién hasta hace unos pocos días vivía en Padova, ciudad cercana a Venecia, me soprendió una mañana de la semana pasada con un mensaje. En aras de inculcar un espíritu aventurero a ese mensaje y permitiéndome el lujo de exagerar os diré que decía lo siguiente:

  • Este fin de semana, subimos al norte, a los Dolomitas y escalamos el Pale de San Martino.

Cortito y al pie, como dirían los más futboleros. En el mensaje no había pregunta alguna, si no afirmación, simple y sencillamente. Era algo que íbamos a hacer. Ambos lo sabíamos. En un primer momento me asaltó la pereza, durante la semana había cogido un poco de frío y no me sentía con todas mis fuerzas. Sin embargo, por dentro sabía que era algo que tenía que hacer. Para convencerme, Álvaro hizo gala de sus dotes más persuasivas y dijo:

  • ¿Cuándo más vas a tener la oportunidad de escalar los Dolomitas conmigo? Quizá nunca- dijo

Y tenía razón.

Al día siguiente, tras acabar mi tarea diaria en el Ecomuseo me encaminé al norte de Italia. Primero a Padova donde me encontraría con aquel negociador inquebrantable que os acabo de presentar. Una vez juntos haríamos un par de horas más de coche hasta las vecindadades de Trento, donde pasaríamos noche. A la mañana siguiente y tras un breve paso por Decathlon para comprar una bombona de camping gas iniciamos la caminata.

 

Frente a nosotros se alzaba imponente el Pala di San Martino, situado en los Dolomitas. En mi caso era la primera vez que me enfrentaba a una montaña así. Los Dolomitas son una cordillera imponente y que quita el aliento. Cuesta creer que semejantes montañas estuvieron una vez bajo el mar. Según ascendíamos la nieve hizo acto de presencia y la aventura comenzó a tomar verdadera forma. Durante las casi  cuatro horas que tardamos en ascender nos enfrentamos a estrechos desfiladeros cubiertos de nieve. Los angostos caminos asustaban pero todo merecía la pena por las vistas.

 

Finalmente llegamos a la cima. Nuestro primer objetivo, cuando casi mil metros más abajo habíamos empezado era el de llegar al Refugio Rosetta y después continuar hasta otro refugio para hacer noche y volver al día siguiente regresar al coche. Sin embargo el Norte recuerda, y los viejos Dolomitas están llenos de una sabiduría que si uno sabe como escucharla le guiará en su camino. Así lo hicimos. Cuando hicimos cumbre en nuestro objetivo, el refugio Rosetta, escuchamos a la montaña que nos decía que aquel no era el día. Y así fue, con los mismo ánimos que ascendimos decidimos descender. La montaña, cubierta con su  blanco manto de nieve no invitaba a continuar. Así pues, tras varias horas de caminata volvimos al coche.

 

Pese a no poder haber cumplido nuestro primer objetivo, ninguno de los dos estaba decepcionado, al contrario. A lo largo de ese día habíamos recorrido vías ferratas, caminos llenos de nieve en los que las piernas se hundían hasta las rodillas, habíamos visto rebecos saltar montaña abajo como quien anda por la calle, habíamos pasado frío, un poco de miedo al mirar hacia abajo y  sobre todo asombro al mirar hacia el horizonte. También habíamos podído beber agua fresca manada directamente de los Dolomitas o tomarnos una cerveza a dos mil metros de altura refrescada en una cascada de agua cristalina. En definitiva habíamos vivido una aventura digna de recordar y contar como estoy haciendo brevemente en este post

Por último me gustaría destacar aquello que fue lo que más me impactó. Una vez acabado el ascenso, cuando encarábamos la parte final del camino hacia el refugio Rosetta. Álvaro y yo nos distanciamos un poco. Allí pude sentir eso de lo que siempre hablan los montañeros más curtidos: la calma de la montaña. Con Álvaro en la lejanía me encontré a mi mismo rodeado de la calma más absoluta, no había ruido y nada molestaba en esa cima. El silencio te envolvía y atrapaba, invitándote a disfrutarlo pero también a respetarlo, es por eso que repetiría una y mil veces una aventura como esta.

Miguel.

 

Benvenuto al Borgo Miguel!

2 octubre, 2020

El verano está acabando, está dando los últimos coletazos,pero a su vez comienzan otras cosas. Comienzan los amaneceres fríos y las mañanas calurosas. Comienzan los árboles a tornar su colores y comienza también la noche un poco antes, cada vez más. Comienzan también aventuras, viajes y experiencias que probablemente quedarán grabadas en la memoria para siempre. Comienza mi historia en un pequeño borgo maceratese, donde se respira tranquilidad con olor a tierra pura. Mi nombre es Miguel y en las siguientes líneas os contaré como ha sido mi llegada a Macerata y sobre todo el porqué de la misma.

 

El prólogo de esta historia se escribió durante ese verano que se acaba. Muchas charlas, emails y mensajes de whatsapp que poco a poco hicieron que las palabras se tornaran en hechos. De hablar sobre que significa ser un voluntario con Alessandro de Amycos por videollamanda a serlo en menos de un mes. De planear un viaje a Italia a hacerlo en menos de una semana. De la mano de Amycos y GruCa comienzo un año en el que espero vivir, conocer y sobre todo aprender. Aprender mucho. Mucho.

 

Las expectativas, los planes, las ideas, los miedos y las preguntas se agolpaban todas juntas cuando hace poco más de quince días me preparaba para embarcar en un avión rumbo a una tierra poco conocida. Era temprano, muy temprano cuando emprendí la larga travesía que me llevaría de Madrid hasta Macerata, una pequeña ciudad de Las Marcas italianas situada en lo alto de la colina. Al verla por primera vez alzada, anciana y  orgullosa, casi como si fuese una vigilante, me dio la sensaciónMacerata guarda por todo aquello que se encuentra bajo ella.

 

Ecomuseo Villa Ficana

 

Los primeros pasos del camino estuvieron llenos de incertidumbres, el mayor miedo no era otro que aquel que ha puesto en jaque a toda nuestro mundo, el que ha hecho tambalearse los cimientos de nuestro estilo de vida. La sombra del COVID pululaba como un fantasma sobre mi viaje. Partía desde España, uno de los países donde más grave ha sido el efecto de la pandemia, es por eso que las autoridades italianas habían decretado como obligatorio la realización de un test COVID a todo aquel que entrara al país desde España. Ese fue el primer gran test, la primera gran prueba a la que me enfrenté. Tras conocer a fondo el aeropuerto de Roma Fiumicino buscando la zona donde se realizaban los tests conseguí encontrarla. Es gracioso, por que a la hora de enfrentarme al test lo hice con los mismos nervios que si fuese el examen del carnet de conducir o de una asignatura difícil en la carrera. Con los dedos cruzados y después de esperar un largo rato me dieron los resultados, NEGATIVO.

A partir de ahí sentí que todo iba a ser más fácil. Llegué a Macerata varias horas después, tras un precioso viaje a través de verdes montañas y pequeños pueblos. En Macerata me esperaba el otro Alessandro de esta historia, en este caso el presidente de GruCa, la asociación de acogida en Italia. Tras una pequeña aventura que no viene al caso en unas gasolineras italianas, las cuales por cierto son bastante complicadas de usar, me encontré con él y juntos nos dirigimos al borgo.

 

Iré contando poco a poco cosas del borgo a lo largo de estas publicaciones. Pero para que tengáis una primera impresión como tuve yo os dejo unas fotos. El borgo Villa Ficana es un remanso de paz y tranquilidad en medio de Macerata, apenas se escuchan ruidos o hay coches. Es como un pequeño pueblo dentro de una pequeña urbe, un pueblo hecho de tierra cruda. Las casas son bajas, con estancias pequeñas y acogedoras. En una de esas casas bajas me esperaban sentadas en la terraza las que serían mis compañeras de viaje en esta aventura Szuszka, Lea, Emily, Mariana y Petra estaban tomando el sol y charlando tranquilamente cuando llegamos Alessandro y yo, ellas son las otras voluntarias que como yo vivirán y trabajarán en el Borgo. Juntos formábamos un grupo de lo más variopinto en cuanto a nacionalidades se refería. En ese pequeño borgo estarían representados desde Polonia hasta Portugal, cruzando Alemania, Eslovaquia, Francia y España.

 

Como cualquier primer día estuvo lleno de nuevas experiencias. De hecho desde ese día todos los días han sido primeros días. Estas dos últimas semanas todos los voluntarios internacionales de GruCa hemos ido conociéndonos poco a poco así como también ido familiarizándonos con las tareas que llevaremos a cabo durante el proyecto. Básicamente y sin todavía entrar en detalles nos dedicaremos a trabajar codo con codo con GruCa en el Ecomuseo de Villa Ficana, en los parques públicos de Macerata y además colaboraremos estrechamente con la Asociación I Nuovi Amici, la cual trabaja con personas discapacitadas.

 

Espero que esta primera publicación sirva como breve presentación, como la puerta que se abre hacia mi experiencia como voluntario en Italia. A lo largo de los próximos meses iré contando las vueltas que da este camino que apenas comienza. Espero que cada publicación sea más interesante que la anterior, que la siguiente siempre supere a la anterior. Eso significaría que detrás de estas palabras hay una vida que está cambiando gracias a esta oportunidad.

 

A dopo!

 

Miguel.

Ultimo mes!

4 julio, 2020

Hola a todas y todas!

Julio es el ultimo mes de voluntariado en Macerata y no entiendo como el tiempo ha pasado tan rápido.

Desde que la cuarentena acabó en Italia, con la organización estamos intentando de iniciar con las actividades de verano siempre adaptadas a las nuevas leyes por la situación en la que nos encontramos. Colaboramos con campos de verano para niños haciendo diferentes actividades, por ejemplo, trabajar con madera o aprender a plantar y cuidar plantas. También, iniciamos con eventos para familias en parques de la ciudad.

A parte de todas las actividades que realizamos con la organización, una parte muy importante de la experiencia del voluntariado es poder visitar y conocer la región donde uno se encuentra. Estamos aprovechando al máximo estas ultimas semanas en Macerata para visitar todos los sitios de Le Marche  y también Umbria que aun nos quedan pendientes. No son unas de las regiones mas conocidas de Italia, pero con muchas actividades y lugares para visitar, tanto en la montaña como en el mar, o un “mix” de los dos. A continuación os dejo algunas fotos de los lugares de Le Marche que hemos visitado, y si algún día tenéis la oportunidad de visitar, no os lo podéis perder.

  • Cingoli (también cononida como el «Balcón de le Marche» por ser uno de los puntos más altos de la región) y su lago:

  • Perugia, Capital de Umbria, caracterizada por sus restos de la cultura etrusca y romana y  su larga historia.

  • Osimo (Le Marche). Una pequeña ciudad medieval muy cerca de Macerata, también con espectaculares vistas de la región.

 

El voluntariado en Eslovaquia

2 julio, 2020

Hoy os presentamos dos chicas burgalesas, Ana y Sara, que hicieron un proyecto de EVS en Eslovaquia con nuestro socio asociado KERIC:

1. ¿Por qué has elegido hacer voluntariado?

Ana: Siempre me ha gustado trabajar con los niños/as desde la educación no formal. Elegí este proyecto por el colectivo con el que se trabaja. Además de vivir una experiencia diferente, conocer a personas de otros países y aprender sobre otras culturas.

Sara: Antes de terminar la carrera de periodismo me empecé a plantear qué quería hacer en el futuro. Quería hacer un máster, pero como no sabía cuál, una amiga me comentó qué era el voluntariado. Así que decidí irme un año a trabajar con niños, a conocer una nueva cultura y a mejorar mi inglés.

2. Hiciste tu proyecto en Eslovaquia, un pequeño país en centro del Europa. ¿Cuáles fueron tus actividades principales durante este proyecto?

Ana: Mis actividades principales era preparar actividades en inglés para 2 colegios, utilizando tanto juegos como las nuevas tecnologías para poder comunicarme con ellos. Por otro lado, desde la organización, impartir clases de inglés a niños/as de 9-12 años y clases de español a adultos. Además de preparar actividades para los diferentes eventos durante el año. Sara: Cuando hacía voluntariado iba a dos colegios cada semana y participaba en las clases de inglés haciendo juegos a los niños, adaptados a su curso. Además, en la organización daba clases de inglés a dos grupos por semana. También acudía a Cáritas a hacer talleres de manualidades con las señoras que allí vivían. En verano participé en los campamentos que organizaba KERIC, la ONG en la que trabajaba.

3. ¿Cuál fue tu mejor experiencia durante tu proyecto y, al contrario, qué fue lo más difícil para ti?

Ana: Poder conocer a personas de otros países y viajar a otros países además de Eslovaquia. Lo más difícil para mí fue la convivencia y el clima. Sara: Lo más bonito fue ver cómo los niños se esforzaban por comunicarse conmigo y yo con ellos. El momento más divertido fue durante los campamentos de verano. Por otra parte, fue difícil la convivencia en una casa tan pequeña, siendo tantas personas y tan distintas…

4. En tu opinión, ¿por qué los jóvenes españoles deberían elegir hacer el proyecto del voluntariado en Eslovaquia?

Ana: El voluntariado te permite aprender idiomas, formación, colaborar en proyectos, actividades de tiempo libre con todo tipo de colectivos y poner a prueba tus capacidades y habilidades. Sara: Creo que los jóvenes españoles deberían escoger Eslovaquia para hacer un proyecto de Servicio Europeo porque es un pequeño gran país con muchas cosas que ofrecer. Es muy fácil moverse en transporte público, es barato y tiene mucha oferta cultural y mucha naturaleza para disfrutar de ella tanto en invierno como en verano. Además, los eslovacos son muy hospitalarios.

5. ¿Cuál fue el choque cultural más grande para ti? ¿Qué crees que los españoles y los eslovacos tienen en común?

Ana: El choque cultural para mí fue, sus horarios y también su clima. Creo que lo que tenemos en común es que nos gusta pasar tiempo con nuestra familia y amigos. Sara: Creo que el choque cultural más grande es el horario. El horario español y el eslovaco (o el del resto de Europa) no se parece nada al español, sobre todo a la hora de las comidas, hacer actividades o simplemente cerrar las tiendas y los bares. Creo que tenemos en común la Unión Europea y la cultura católica, lo que hace que ciertas cosas, aunque sean diferentes, tengan el mismo fondo, como la Semana Santa o el día de Reyes.»

 

Muchas gracias para sus respuestas chicas!

Casi dos meses de cuarentena… ¡Pero el proyecto sigue!

4 mayo, 2020

En estos tiempos complicados, tengo mucha suerte porque mi proyecto Burgos Solidaria sigue adelante.

Desde que todo empezó, apoyo las actividades de Amycos desde casa y realmente, tengo suerte de hacer muchas actividades que me permiten seguir aprendiendo y ayudando.

Ayudo en el trabajo de oficina, sobre los proyectos de cooperación internacional en Bolivia y en Nicaragua que tiene la ONG. Ayudo también en el desarrollo del proyecto europeo “Stairway to SDG”. Es un proyecto ambicioso sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que comparten seis países de la Unión Europea, y con mis compañeras en Amycos buscamos ideas y actividades para este proyecto.

Así mismo, hago un tipo de apoyo escolar con un niño que solía encontrar por las tardes en Atalaya Intercultural. Esto es muy interesante para mí porque me hace sentir útil en una situación muy difícil para él. Y por fin, gracias a la colaboración con el Foro Solidario, realizo durante todos los jueves un círculo de idioma de francés on-line. Así, puedo hablar francés con personas burgalesas. Son sesiones muy interesantes donde puedo reflexionar sobre la cultura española y francesa.

¡Vamos…Estoy muy bien ocupada!

Junto a todas estas actividades, hago deporte, veo series con Kate, cocinamos especialidades de Grecia, hacemos manualidades y sigo un curso de historia on-line. Lo que me gusta mucho en este periodo es que puedo hablar mucho más que antes con mi familia y mis amigos. Es una manera de estar con ellos y de compartir más. Hablamos también con nuestros amigos de Burgos, la gente que hemos encontrado a lo largo de esta experiencia de voluntariado, antes de que pasara todo eso. ¡Así, conservamos los contactos!

 

 

Al final, seguramente, es una pena que haya pasado todo eso de la pandemia, pero es así y hasta puedo encontrar varios lados positivos para aguantar y disfrutar al máximo de mi experiencia de voluntariado.

¡No quiero perder nada de todo lo que estoy viviendo aquí y al final, tendré más razones para volver a Burgos! 🙂

Hasta luego,

Estelle !