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Voluntariado Internacional y Servicio de Voluntariado Europeo

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¡Esto se acaba! y otros momentos drama queen

17 noviembre, 2015

He estado 10 días en Barcelona y en Madrid. Merecidas vacaciones. Porqué, hacer un voluntariado es trabajo y experiencias y también necesitamos desconectar o mejor dicho, reconectar: con los amigos, la família y con nosotros mismos.

A mi regreso a Feira encuentro las cosas más o menos como las dejé y mientras en la cocina de casa nos contamos las peripécias de los últimos dos fines de semana, Franco se levanta nervioso y suelta una frase ya habitual en él: “¿Os dais cuenta que esto se acaba?”. Todos nos reímos de su momento «drama queen» y es que lleva pronosticando el final desde el primer mes de estar en Portugal.

Pero en el fondo nos damos cuenta de que, ahora sí, ya estamos muy cerca del final.

En octubre – sí, los sé que llevo dos meses sin escribir nada! 😀 – estuvimos en la formación “Midterm” para voluntários que organiza la Agencia Nacional en Braga. A diferencia del “Arrival” donde conoces a otros voluntários europeos, estrechas lazos, les invitas a venir a tu ciudad o pueblo y prometes que les irás a visitar, ahora te reencuentras con muchos de los que conociste en la primera formación, intercambias de nuevo invitaciones de visitas pero – y aquí viene la parte complicada del asunto – te despides de muchos de ellos. Sabes que es complicado volverlos a ver, por lo menos en Portugal, porqué están acabando el proyecto, porqué ja no te quedan vacaciones  o porqué el pocket money que estiras de manera impresionante, no te da para más viajes.

Han volado nueve meses. Y me piden que haga una valoración. Ya me he escaqueado un par de veces alegando espesura mental. Pero, sí, toca hacer balance y empezar a pensar en lo que voy a hacer en unos meses. Y da miedo. Este tiempo aquí ha sido como una burbuja, un paréntesis, que en breve terminará. Pero creo que voy a re-escaquearme otra vez y a dejar los balances para más adelante.

De momento, después de dos semanas sin ir al Centro de Día, los abuelos me han recibido con sonrisas. Se alegran de que haya vuelto.  Y yo también. Para esta semana tenemos prevista una sesión de Skype con el Centro de Día de Fiães, donde está Franco haciendo su voluntariado. Es interesante que los abuelos vean como funciona y para que puede utilizarse internet y las nuevas tecnologías. Quien sabe si en unos meses me llamaran para contarme como están o me escribirán un e-mail como hizo Doña Ilda el otro día con su hija.

Empezaba así:

«Queridísima hija, mamá al habla. Estoy delante del ordenador a aprender como funciona esto y me acordé de ti. Quería decirte que te adoro y te quiero con locura mi querida».

En la página de la asociación O Abrigo, hace unos meses inauguraron una sección donde puedo colgar algunas fotos y comentarios de mis actividades. A los curiosos os dejo el enlace: «Pequenos momentos para guardar na memória«

Un apunte medieval

19 agosto, 2015

La semana pasada acabó el Viagem Medieval de Santa Maria da Feira, uno de los eventos más importantes del pueblo junto con el Imaginarius. Durante diez días las calles, la gente, las tiendas, el castillo, los parques. Todo, absolutamente todo se transforma para reconstruir el esplendor que tubo la ciudad durante esa época. A pesar de los más de cinquenta mil visitantes por día y la consecuente locura que eso implica, la verdad es que lo acabamos disfrutando. Nos disfrazamos y conocimos a gente. Probamos todas las bebidas “típicas” del momento y nos hartamos de andar por las callecitas empedradas. Vimos salir el sol en lo alto del castillo y asistimos a algunas situaciones más o menos surrealistas que quedan gravadas a fuego en la memória– como no podría ser de otra manera al tratarse de recuerdos de la Edad Media.

Pero aún que parezca mentira también trabajamos. Y a petición de nuestra asociación, Rosto Solidàrio, salimos un día a la calle ataviados con las camisetas de super-voluntários para interrogar a la gente sobre qué era para ellos el Servicio Voluntario Europeo. Pizarra en mano les pedíamos a los visitantes que nos escribieran lo que primero les viniera a la cabeza. Y tuvimos de todo: desde palabras como solidaridad y aventura, hasta perdida de tiempo y esclavitud. También nos regalaron más de un “Não faço idea”. Respuesta perfecta que aprovechamos para repartir nuestros flyers y dar un poco de información sobre el tema.

Justo estos días se cumplieron seis meses de nuestra llegada a Portugal. Y ha coincidido también con muchas visitas de familiares y amigos que aprovechan las vacaciones para saludarnos. El lunes cuando recuperamos cierta normalidad, la casa se había quedado vacía. Pero esta tranquilidad durará poco porqué el 31 de agosto ya llega el primero de los tres nuevos voluntários que van a formar parte del proyecto.

En marzo solíamos decir, «falta mucho para septiembre» y ahora ya – casi –están aquí. Faltan días para inaugurar la segunda parte de la experiencia. Esta vez un poco más apretados y confiando, muy mucho, en que la llegada de los nuevos conllevará también la llegada de una nueva nevera. Que nervios!

 

[Casi] te echo de menos.

8 julio, 2015

Mientras no dejan de llegarnos notícias sobre la terrible ola de calor que está sofocando a media Península Ibérica. En Santa Maria da Feira todas las mañanas sigo saliendo con la chaquetilla puesta y por las noches duermo tapada. Y es que el clima que nos ha tocado seguramente es de lo mejorcito de la zona. A medio camino entre el mar y la sierra, nos permite pasar calor durante el día y ir a la playa – el moreno rojizo que lucimos los voluntários así lo demuestra- pero nos da un descanso en cuando se va el sol. En invierno otro gallo cantará, pero por ahora no nos podemos quejar.

Y hablando de gallos. Cuando llegamos (hoy se cumplen para mi exactamente cuatro meses) descubrimos que el vecino tenia un gallo. Una simpática criatura que por las mañanas cantaba anunciando el nuevo día y nos trasladaba con sus quiquiriquí a lo tiempos en los que las siete alarmas preestablecidas del Smart Phone, con horribles y estridentes músicas no eran las encargados de sacarnos de la cama. Oh! Que contentos estábamos todos. Fue casi bucólico durante, exactamente, 24 horas. Porqué de repente nos dimos cuenta que al gallo, lo de los horários, le daba un poco igual.

Si en medio de la noche te levantabas para ir al baño, cantaba. Si alguien hacia algún tipo de ruido, cantaba. Si pasaba un coche, cantaba. Si hacia viento, cantaba. En definitiva: era más eficiente que un detector de movimento. Y en realidad tendría que rectificar porqué, si digo cantaba parece que ya no cante. Pero créanme: todavía canta.

Pero a pesar de todo, este pequeño animal de pluma nos ha unido mucho en casa, algo así como el common enemy effect.

De los cuatro voluntarios, yo soy la más afortunada, hablando siempre del gallo, claro. Mi ventana da a la calle, así que lo oigo de lejos. Pero tengo que confesar que este último mes casi lo he echado de menos. Hemos pasado mucho tiempo fuera. Primero en Braga, donde fuimos a reunirnos con otros voluntários europeos que están participando en proyectos en Portugal. Durante 6 días convivimos, hicimos actividades, hablamos, nos conocimos y intercambiamos contactos y promesas de visitas. Creo que es un buen sistema para relacionarnos con personas que están viviendo experiencias similares a las nuestras y a la vez darnos la posibilidad de poder recorrer el país visitándolas y  asaltando sus sofás. Creo que podríamos decir que fue interesante e intenso como experiencia.

Y poco después de volver de Braga, Franco y yo fuimos enviados por nuestra asociación a una formación en Lisboa. Se trataba de Social Media y comunicación focalizada en asociaciones y entidades sin ánimo de lucro. La buena suerte hizo que esta semana coincidiera con el Festival do Silêncio en el barrio de Caís de Sodré. Espectáculos, poesía, conciertos, performances. Grátis y en la calle. Nos quedamos hasta el domingo y aprovechamos para hacer un poco de turismo, visitar a otros voluntários y recorrernos Lisboa, que cada vez más se confirma como una ciudad preciosa.

La guinda del pastel fue el concierto de cierre del Lisboa em Festa en la Praça do Comercio con vistas al río Tejo. Sin haberlo planificado pudimos ver y escuchar algunas de las voces más conocidas de la música actual (y no tan actual) portuguesa. Una noche que terminó con fuegos artificiales sobre el río y los gritos de «OXI, OXI» de algunos manifestantes que nos recordaban que, al día siguiente, Grecia celebraba el referéndum sobre el rescate por parte de la Troika.

El domingo nos subimos al bus que nos llevaba de vuelta a casa. Pero creo que no acabé de darme cuenta de que realmente ya estaba en Santa Maria da Feira hasta que lo oí cantar. Entonces dejé de echarle de menos. Eran las cinco de la mañana.