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Voluntariado Internacional y Servicio de Voluntariado Europeo

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[Casi] te echo de menos.

8 julio, 2015

Mientras no dejan de llegarnos notícias sobre la terrible ola de calor que está sofocando a media Península Ibérica. En Santa Maria da Feira todas las mañanas sigo saliendo con la chaquetilla puesta y por las noches duermo tapada. Y es que el clima que nos ha tocado seguramente es de lo mejorcito de la zona. A medio camino entre el mar y la sierra, nos permite pasar calor durante el día y ir a la playa – el moreno rojizo que lucimos los voluntários así lo demuestra- pero nos da un descanso en cuando se va el sol. En invierno otro gallo cantará, pero por ahora no nos podemos quejar.

Y hablando de gallos. Cuando llegamos (hoy se cumplen para mi exactamente cuatro meses) descubrimos que el vecino tenia un gallo. Una simpática criatura que por las mañanas cantaba anunciando el nuevo día y nos trasladaba con sus quiquiriquí a lo tiempos en los que las siete alarmas preestablecidas del Smart Phone, con horribles y estridentes músicas no eran las encargados de sacarnos de la cama. Oh! Que contentos estábamos todos. Fue casi bucólico durante, exactamente, 24 horas. Porqué de repente nos dimos cuenta que al gallo, lo de los horários, le daba un poco igual.

Si en medio de la noche te levantabas para ir al baño, cantaba. Si alguien hacia algún tipo de ruido, cantaba. Si pasaba un coche, cantaba. Si hacia viento, cantaba. En definitiva: era más eficiente que un detector de movimento. Y en realidad tendría que rectificar porqué, si digo cantaba parece que ya no cante. Pero créanme: todavía canta.

Pero a pesar de todo, este pequeño animal de pluma nos ha unido mucho en casa, algo así como el common enemy effect.

De los cuatro voluntarios, yo soy la más afortunada, hablando siempre del gallo, claro. Mi ventana da a la calle, así que lo oigo de lejos. Pero tengo que confesar que este último mes casi lo he echado de menos. Hemos pasado mucho tiempo fuera. Primero en Braga, donde fuimos a reunirnos con otros voluntários europeos que están participando en proyectos en Portugal. Durante 6 días convivimos, hicimos actividades, hablamos, nos conocimos y intercambiamos contactos y promesas de visitas. Creo que es un buen sistema para relacionarnos con personas que están viviendo experiencias similares a las nuestras y a la vez darnos la posibilidad de poder recorrer el país visitándolas y  asaltando sus sofás. Creo que podríamos decir que fue interesante e intenso como experiencia.

Y poco después de volver de Braga, Franco y yo fuimos enviados por nuestra asociación a una formación en Lisboa. Se trataba de Social Media y comunicación focalizada en asociaciones y entidades sin ánimo de lucro. La buena suerte hizo que esta semana coincidiera con el Festival do Silêncio en el barrio de Caís de Sodré. Espectáculos, poesía, conciertos, performances. Grátis y en la calle. Nos quedamos hasta el domingo y aprovechamos para hacer un poco de turismo, visitar a otros voluntários y recorrernos Lisboa, que cada vez más se confirma como una ciudad preciosa.

La guinda del pastel fue el concierto de cierre del Lisboa em Festa en la Praça do Comercio con vistas al río Tejo. Sin haberlo planificado pudimos ver y escuchar algunas de las voces más conocidas de la música actual (y no tan actual) portuguesa. Una noche que terminó con fuegos artificiales sobre el río y los gritos de «OXI, OXI» de algunos manifestantes que nos recordaban que, al día siguiente, Grecia celebraba el referéndum sobre el rescate por parte de la Troika.

El domingo nos subimos al bus que nos llevaba de vuelta a casa. Pero creo que no acabé de darme cuenta de que realmente ya estaba en Santa Maria da Feira hasta que lo oí cantar. Entonces dejé de echarle de menos. Eran las cinco de la mañana.